sábado, octubre 16, 2010

Y LO DIGO YO QUE NO SOY FANÁTICO DE NADA... SALVO DE SAN LORENZO Y DE MIS NIETITAS...



LA FOTO ES DE SAN LORENZO DE ALMAGRO,CUANDO SALIMOS CAMPEONES EN EL 2000... MUERTE A QUIENES NO LO AMEN...

ES INMORAL SER FANATICO, SALVO DE SAN LORENZO, Y DE ALGUNAS COSAS MAS.

Nadie asume ser fanático de nada, ni de su mamá. Todos hablan de su ecuanimidad ante todo y todos. Ni siquiera los barras brava. Ellos afirman, como todo el mundo, ser "simpatizantes" se su club favorito.
Cuando los padres hablan de sus hijos, arrancan con la frase
"No es que sea mi hijo, pero es una maravilla". Esto todo el mundo, ser "simpatizantes". Cuando los padres hablan de sus hijos, arrancan con la frase "No es que sea mi hijo, pero es una maravilla". Esto en público. Lejos de extraños, algunos al pobre chico le dicen de todo, menos lindo. Existen clubes de admiradores y es sospechoso el hecho de la relación directa entre la poca calidad artística del artistejo admirado, y la gran cantidad de admiradoras.
No quiero ser desconfiado, pero creo oler la mano del representante del ídolo, organizando estos antros de fanatismo, con niñas y no tan niñas de cuestionable gusto artístico y ávidas de dinero fácil, todos en pos de la fama y el dinero su artistín idolatrado.
Hay fanáticos de cualquier cosa, vegetal, animal o persona sobre la tierra y el universo. Los hay de cosas execrables como las corridad de toros, de Hitler, de KU KUX CLAN, del satanismo, de la poedofilia, los partidos políticos de derecha o de los peores programas de TV, que si fueran en realidad buenas, no tendrías casi audiencia... Se pagan millones de dólares, por un viejo trocito de papel,denominado "estampilla", siempre y cuando sea muy, pero muy viejo, o sea antigüo y haya pocos, como la primera de ellas existente en el mundo. Un japonés dio ochenta millones de dólares por un cuadro del para muchos genial Van Ghog, aunque en vida no logró vender ni uno. Y aquí me gano un millón de enemigos. Muchos opinan que hay miles de grandes pintores superiores a él, ignorados por la crítica, y a partir de ahí, desvalorizados por el publico. Este suele ser fanático de cualquier cosa famosa.
Existen amantes de los autos antigüos, capaces de pagar fortunas por algo incómodo, sin los perfeccionamientos de la técnica actual, pero motivadores de recuerdos juveniles y costumbres placenteras. La sarna con gusto no pica, decía mi abuelita.
Hay quienes aman todo lo extranjero, aunque sea una reverenda porquería, por el sólo hecho de creer en la superioridad de lo hecho lejos de su tierra. Son aquellos fanáticos también de la frase "¿Cómo va a ser un genio, si vive a la vuelta de mi casa?
No contemos como fanáticos a los enamorados de álguien del otro sexo, y del propio. Eso es tan sólo necesidad de amar y ser amado. Tampoco se les puede achacar fanatismo a quienes creen en una religión. Eso es algo casi instintivo del alma humana. Salvo cuando algunos de estos religiosos andan queriendo degollar a quienes no compartan sus creencias, tipo Torquemada o talibanes. Pero sí se les puede etiquetar como extremistas a los fumadores empedernidos, capaces de fumar dentro de su trabajo cerrado y repleto, en pleno invierno. Y no se puede acusar a los bebedores y drogadictos. Eso es una enfermedad, con algún comienzo por razones emocionales, y luego orgánicas. Lo probó la ciencia. Menos se les puede tachar de extremista a quienes se enamoran de alguién parecido a Angleina Joice o Leonardo Di Caprio. Eso es pura hormona en ejercicio de su poder reproductor, potenciada por una cultura educadora en base a prejuicios. Nada es lindo o feo. Eso es una convención de cada grupo humano, con a veces alguna base natural. Un ejemplo es el esnobismo de que las mujeres deben ser super flacas, una gran mentira fabricada por la industria de la moda y aprovechada por otras industrias, como las de los diuréticos, clínicas de adelgazamiento, comidas y bebidas light, etc.
Comenzamos hablando de lo imposible de encontrar a quien se reconozca fanático. Y en esto tengo toda la razón del mundo. Esta afirmación mía no es fanatismo, es puro convencimiento, en base a hechos científicos, pese a quienes me sugieren sobre la posible existencia de gente ecuánime, no fanática para nada. ¡Mentiras... Esos sólo son fanáticos de la ecuanimidad!... Doy fe.
Cilencio -el ecuánime-

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