sábado, octubre 09, 2010

HISTORIA DE FAMILIA.



MI ABUELO EUGENIO

Soñador como mi abuelo Eugenio, nadie… Como podrán ver en la foto en 6 dimensiones, alto, ancho, largo, movimiento, tiempo y pensamiento, vivía soñando con las estrellas… mejor dicho con lo que escondían dos estrellas… Gracias a sus sueños, ganaba siempre a la quiniela, todas las noches soñaba con los 100 números, les jugaba a todos, y siempre acertaba al que ganaba… perdía el 30 por ciento de lo que apostaba, pero para él, lo importante era cumplir sus sueños… y los cumplió todos, menos uno. Su fortuna, como buen soñador, la hizo con una fábrica de colchones… Comenzó de abajo, entró de catador de colchones. Debía dormir en ellos, para probarlos, y allí soñaba como hacerse millonario y lo logró… Introdujo muchos adelantos en los colchones. Cuando había aprendido todo lo que se sabía sobre ellos, se puso su propia fábrica… ¿Vieron que en los avisos de colchones, ponen a una señorita muy bonita, en paños menores, acostada en la cama? Bueno, ese fue su principal adelanto… inventó vender el colchón, con una señorita igual a la de los avisos incluida… Muchos en la familia, de envidiosos, lo acusaron de que eso era trata de blancas, o sea venta de mujeres para ejercer la prostitución… A él no le importó. Y no hubo hombre rico que no le comprara uno de esos colchones. Valían fortunas… Eso sí, se vendían en secreto, y la publicidad la hacían las señoritas, puerta por puerta, en las mansiones, con una foto del colchón y ellas, desnuditas, sobre el colchón… Y los clientes ponían los colchones en sus casas secretas, hogar para pecar, garzonier, como le decían antes, con señorita incluida. No lo juzgo, porque el dinero que hizo con eso, fue inconmensurable… y soy de respetar al dinero que hizo abuelo Eugenio, porque lo hizo con la complicidad de sus matones mafiosos, y soy de respetar a esa buena gente… no por miedo, sino por respeto… a mi salud, claro… Además como no se consiguen señoritas muy lindas a paladas, ni bien le entregaban al señor el colchón con la señorita puesta, a la noche siguiente, iba con los matones que trabajaban para él, y raptaban a la señorita, y la volvían a vender a otro cliente. Y el negocio era redondo, por dos razones, los colchones que vendía eran redondos, como para hacer camas redondas… Y porque nadie podía hacer la denuncia de que le habían robado a una señorita que compró con un colchón. Porque además de haber hecho algo ilegal, sería demostrar al mundo entero, que compraba mujeres. Y si era casado peor, se enterarían su mujer, hijos y el resto de quienes lo conocían, de que era un degenerado y un delincuente. Pero no todo era felicidad en la vida del abuelo Eugenio.
El pobre, tenía un gran problema… como verán en la foto, era muy varonil, pero en tamaño muy reducido… Y salvo su galera y su nariz, todo lo demás lo tenía en proporción… o sea que las mujeres jamás se enamoraban de él por sus demás atributos varoniles… y menos por el principal atributo masculino… usted sabe a cual me refiero… y si alguna de las que vendía junto a los colchones, aceptaba tener un encuentro cercano del tercer tipo, ni bien lo veían desnudo, se tentaban tanto de risa, que todas sus erecciones, se transformaban en defunciones… Usted me entiende… por debía soñar tanto… para compensar su frustración. Y cuando soñaba, sus sábanas, a la mañana siguiente, quedaban duras… parecían de cartón. Para colmo era de gustos muy refinados, nada de soñar con la vecina de enfrente, ni con las empleadas de su fábrica de colchones, él soñaba con las que vendía junto al colchón… y todas juntas… así que imagine lo duras que le quedaban las sábanas. De ahí, que una noche soñó con inventar un lavarropas sólo para sábanas duras, y lo fabricó el mismo, porque no le gustaba que nadie le lavara sus sábanas, para no divulgar su secreto drama. Y vendió millares de lavarropas para sábanas duras… No era el único en el país que tenía problemas con las sábanas duras. Pero astuto como era, tenían forma de heladera, o de barril, o de armario, y los clientes que se lo compraban, ponían esos lavarropas en el garaje, en el taller del fondo o en el sótano. Nadie se enteraba. El nombre de los lavarropas era “El que esté libre de toda culpa, que arroje la primera sábana dura”. Era un nombre algo largo, como marca, pero tenía un efecto subliminal, que les agradaba a los clientes. Cuando algún amigo del cliente, se enteraba de que clase de lavarropa que tenía, se callaba bien calladito la boca… La marca del lavarropas, le daba las pautas a seguir. Pero pese a todo, tuvo familia, hijos y nietos, como yo… la abuela Filomena se casó con él, enamorada… de su fortuna… claro… y como no era de reírse de nada, nunca se burló de él… Era una amargada de aquellas… además, con el marido que tenía, nunca una sonrisa, pobre abuela Filomena… Pero al menos, nunca tuvieron problemas… Eso sí, para que ella no se enterara de su dificultades sabaniles, dormían en cuartos separados… Allí tenía el lavarropas sabanil… Y siempre cerraba el cuarto con llave, solo dejaba entrar, para limpiar y hacer la cama, a una mucama que era muda y analfabeta, que sí se enteró de su problema, pero no lo podía revelar. Gracias a eso, jamás nadie supo nada de su problema… ¿Cómo lo sé yo? Lo ayudé a entrar el lavarropas a su cuarto, que era muy grande y pesado… parecía un enorme ropero… y cuando murió, me lo dejó en herencia… ahí me enteré… Buen psicólogo abuelo Eugenio… Supo que a mí me iba a venir bien… Lo recuerdo con un cariño… Y el único sueño que no se le cumplió, fue que esos aparatos para hacer crecer una parte del cuerpo, que ahora los ofrecen a millares por internet, que esos avisos son span, que no son invento moderno, le diera resultado… Y los probó todos, eh… ¿Qué como lo sé yo?... Ese es un secreto que me voy a llevar a la tumba… No sean chismosos.
Calladitos que me matan...

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